Un ser de ojos cristalinos
de corazón frágil
tan transparente que se tuerce opaco
empujado por el viento, arrastrado por suelo
tranquilo, enviado en la certeza
de ser anestesiado por maldad líquida
tan pura y tóxica como el mercurio
sonrisas de papel, dobladas por la lluvia
de lágrimas que se suceden
formando un gran lago
donde su cuerpo se baña
sin poder borrar las marcas
de heridas cosidas
con carne trémula y blanquecina
con mentiras que cortan
hilos de ilusiones extintos
en exhaustas esperas que no tienen final
enfriadas por el tiempo
aferradas a la esperanza
de algo que jamás sucederá
un ser de ojos fríos
de corazón pétreo
empujado por el miedo, arrastrado por el fuego
fiero, enviado en la mentira
y sus gritos se queman con el aire
sus intenciones se anclan con el agua
su voz se torna silencio
y el sonido de su corazón un eco perpetuo
la transparencia de su carne
todas las heridas atravesadas por la luz
el alma echa cenizas, regurgitadas por el viento
un corazón demasiado extenso, cosido a medias verdades
un ser de cristal líquido
de corazón esmaltado en óxido
implorando verdades de hierro
que canten una canción
que consigan calmar
un alma extinta
El azul de un día gris
el color del aire
que convierte las nubes en alambres
el agitado pesar
de unas pulsaciones tranquilas
que quiebran mi alma
en un día tan apagado como cenizo
el final del sol, muriendo ante la oscuridad
la noche de las palabras

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