La luz de la mañana, reflejada en un manto blanco
el frío del invierno, calando en mis extremidades
mi respiración congelándose en el aire
con los ojos abiertos, los músculos relajados
en una carrera invernal, rápida y extensa
Sin mirar atrás, sin mirar atrás
nada queda para ti, nada existió para ti
y ahora marcharse sin mirar, no dolerá jamás
hacia arriba, culminé el monte con una vista esplendida
un precioso resplandor, otro día mas a una altura diferente
la humedad, el control, la fuerza contenida
el grito que te rasga la garganta y sale en forma de aullido
proclamando la victoria, confinando los sentidos, sobre pasando la tensión
Se acabó, se acabó para ti tan largo periodo de esclavitud
volvió el ser a correr, tornaron sus alas a abrirse,
sonó un canto desde lo mas profundo
desde el corazón, reclamando la libertad, su propia libertad
En mitad del silencio y de la paz, puedo escuchar un ritmo que acompaña
de forma monocorde el silencio del lugar, el latido de un tambor
rítmico, que retumba en mi interior y siento su presión sobre las venas
El ritmo de un tambor de guerra que he vuelto a escuchar...*

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